22 nov. 2010

¿Democracia dónde?. ¿Terrorista quién?


Imaginemos la reunión de una organización militar creada para frenar el avance del comunismo en el mundo, con un papel protagónico de los EEUU, y que desde su nacimiento ha participado en varios ataques contra la población civil con el fin de proteger los intereses de los países más poderosos del planeta.

Pongamos que existe una Europa con fronteras, con policías armados con órdenes de impedir el paso a quienes sean sospechosas/os de ser militantes comunistas. Una Europa en la que la policía entra en las sedes de los sindicatos y requisa la propaganda política de una huelga general inminente, y que tiene órdenes de retirar de las calles, con nocturnidad y alevosía, toda la propaganda política de carácter obrero.

Posiblemente nuestra mente nos lleve de manera inconsciente a los años 50, a los Pactos de Varsovia, a la evidencia de la Guerra Fría, a la “caza de brujas” de McCarthy, a los años más oscuros del salazarismo. Pero lo cierto es que todo esto pasó en Portugal, en la Europa del siglo XXI, a finales de noviembre de 2010.

Varios camaradas de la UJCE (alguno miembro también de Alia) se dirigían a la contra-cumbre de la OTAN en Lisboa cuando, en la frontera de Caya de Badajoz con Portugal, les recibió un control policial de grandes proporciones que less identificó y cacheó durante horas, revisando una a una todas sus pertenencias. Pese a no encontrar nada ilegal, la policía les fue llamando individualmente para comunicarles formalmente la imposibilidad de entrar en el país por considerarles “peligrosos para el orden público”, lo que sería demostrado por habérseles encontrado una pegatina en solidaridad con los Cinco, y unos panfletos que convocaban a un consejo escolar del instituto de uno de los activistas. De ambas cosas sacaron fotocopias los agentes.

“Estos son comunistas”. De esta manera tan explícita se dejaba claro que la imposibilidad de entrar en Portugal se debía a motivaciones ideológicas. Pese a que pidieron mil y una explicaciones sobre las razones, lo único que encontrábamos eran respuestas vacías como que “en Portugal se estaban celebrando protestas que no eran convenientes para el Estado portugués” y que éran sospechosos de participar en ellas. Ninguna razón legal, ninguna causa objetiva.

Así pues, fueron escoltados por varios jeeps de la Guardia Nacional Republicana hasta las dependencias de un puesto mixto de fronteras entre España y Portugal, donde se les tomó la filiación esta vez por parte de la policía española. Pese a no estar detenidas/os no se les permitió hablar por el móvil, y lejos de servirles de ayuda para preservar sus derechos a la presunción de inocencia, a la libertad de movimientos, o a la libertad de expresión, se les hizo una defensa del cumplimiento escrupuloso de las leyes por parte de la policía portuguesa.

Aunque en todo momento se estaban manteniendo contactos telefónicos con los servicios jurídicos del Partido Comunista Portugués, quienes nos manifestaron que el proceder de la policía estaba siendo ilegal, se nos informó que no existía manera de recurrir esa decisión en el momento debido a que todos los juzgados estaban ya cerrados, por lo que tuvimos que hacer noche en la sede del PCE-IU de Badajoz.

A la mañana siguiente, la JCP nos informó de que sus abogados habían realizado gestiones para que se nos permitiera el paso, pues éramos invitados de una fuerza política portuguesa y no existían argumentaciones legales para prohibirnos la entrada. Sin embargo, nuestro esfuerzo fue en balde, ya que nuevamente fuimos conducidos escoltados por la policía portuguesa hasta el puesto fronterizo mixto. Esta vez no se nos dio ninguna explicación más allá de que la decisión estaba tomada, y en todo momento se negaron a identificar al policía responsable del operativo, o a mantener una conversación telefónica con los abogados. “No importa lo que diga el PCP, no gobierna” fue la sentencia de uno de los agentes.

Sin embargo, no estábamos dispuestas/os a rendirnos tan fácilmente y buscamos otro acceso a Portugal a través de la frontera de Campo Maior, aunque aquí tampoco hubo suerte. Sabían quiénes éramos desde el primero momento y se nos instó a dar media vuelta. Ante la seguridad de que no llegábamos a la manifestación convocada para las 15:00 horas tratamos de sacar una pancarta en el paso fronterizo (que había sido cautelosamente guardada y que hasta el momento no habían encontrado los rigurosos controles portugueses). Pero tampoco pudo ser, pues fuimos avisados de que en caso de que lo hiciéramos o nos negásemos a dar media vuelta seríamos detenidas/os.

Así pues, no nos quedó más remedio que volver. Pese a todo, representantes de la UJCE, del PCE, y de Izquierda Unida pudieron estar en la manifestación en Lisboa con el lema “Paz sí, OTAN no”.

Ahora sólo nos queda la denuncia. Supimos después que no fuimos los únicos, que centenares de personas procedentes de toda Europa habían tenido los mismos problemas para acceder, que habían sido también cacheados por unos cuerpos del estado que parecían estar actuando con funciones de policía política; buscaban documentos, carnés, escritos, o cualquier insignificante prueba de que lo que tenían delante era un/a activista anti-OTAN.

Pese a la represión seguiremos gritando.

¡OTAN NO! ¡POR UN MUNDO EN PAZ, DERROTEMOS AL IMPERIALISMO!

¡STOP REPRESIÓN!

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