5 dic. 2010

Peleas en el recreo con marxistas.

Conforme avanza el tiempo, los cambios intervienen en el sistema de valores y pensamientos de la sociedad, de los cuales se distorsiona la solidaridad quedándose ésta en una palabra vacía para los demagogos. En esta era en que la sociedad está cada vez más individualizada, aquel sujeto de hace más de 50 años el cual estaba sujeto al yugo de unos valores morales que le impedían cuestionarse asuntos que van más allá de lo que le ha dicho, actualmente cada uno puede escoger lo mejor para sí entre tantísima cantidad de información. Por ello, esta diferenciación junto con la individualización genera las inevitables peleas, que en este caso son dialécticas.
En lo absurdo, mundano y superfluo, encontramos los típicos piques entre simpatizantes de equipos de fútbol en el cual los individuos se meten de hostias verbalmente a más no poder. Igualmente destaca la eterna guerra entre alumnos que cursan ciencias y los de letras. Entre otras. Peleas inútiles en que los individuos de esta sociedad mecanizada pierden el tiempo buscando una salida a la agonizante y monótona rutina. Qué mejor que pasar los días de esa manera teniendo la seguridad de la rutina y el miedo a cambiar que da como consecuencia que cada vez nos encontramos más jodidos. Y luego tan amigos.
Entre temas más productivos, nos metemos en la política. Aunque no siempre lo es. Si solo se critica la manera de gobernar de un presidente a poco llegaremos. Si se plantea alguna solución, tampoco iremos a algún lado si solo queda en el salón o se lleva al despacho. Pero dentro de la política, todos nos peleamos por defender unos ideales que bien pueden llegar a algo o acabar en nada. Casos como entre fascistas y anarquistas, liberales y marxistas, nazis y falangistas… No voy a detallarlo porque ya se tiene una idea aproximada de cómo acaban.
Siendo anarquista, encontramos la típica pelea con marxistas. ¿Productiva? Quizá sí. Pero ahora mismo veo que a mucho no llegaremos. Dos irreconciliables posturas en el cual encontramos diferencias significativas. Entre las ya mencionadas, hay que destacar éstas: el marxismo es una doctrina en que los simpatizantes siguen sus escritos como si de verdad absoluta fueran generando el problema de que tiene más posibilidades de estancarse. Sin embargo, el anarquismo difiere totalmente de ser una doctrina. Es un ideal en el cual tiene múltiples interpretaciones pero partiendo siempre desde el antiautoritarismo. Otra característica importante es que dentro del movimiento libertario, cada individuo es independiente, autónomo y, sobre todo, protagonista que participa aportando su granito de arena al colectivo. Por contra, la existencia de jerarquías en el marxismo puede generar élites que acabarían protagonizando la obra mientras que el resto serían solo meros espectadores.
Otro de los temas más parloteados es el de la unión. ¿Unión entre posturas irreconciliables? Quizá una unión superficial sí, o sea, que se comparten algunas luchas pero sin que un bando meta el pie en el otro. Por mi parte, abogo por seguir el camino del antiautoritarismo en el cual pueda ser partícipe siendo alguien y no algo. Por todo esto y alguna que otra cosa más, ya he tenido suficientes peleas dialécticas con marxistas y creo que va siendo hora de que cada cual vaya por su lado sin perjudicarse. Si bien es posible que se den casos de compatibilidad, entonces en éste asunto sí que sería plausible la colaboración. He aquí que cada individuo tome la mejor decisión. Aun así sigo creyendo que el conflicto dialéctico puede ser un avance positivo y constructivo siempre y cuando no se llegue al insulto.
Salud.

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